Experiencia en Kirguistán

Solo aquellos que sueñan pueden volar

Hoy 1 de septiembre del 2021 me embarco hacia otra nueva aventura, una aventura la cual ha necesitado de casi dos meses de preparación física y mental. En esta ocasión no será aquí cerca tras los corzos, ni los ciervos, ni los cochinos de nuestra querida y bella península Ibérica, esta vez el desafío y la aventura va mucho más allá, esta vez iba a ser mucho más grande… Me atrevería a decir que es el sueño que todo cazador de alta montaña querría ver alguna vez en su vida y por supuesto, si pudiera, tocar aquel imponente y majestuoso animal. El rey de reyes, si amigos, en esta ocasión me embarco hasta las lejanas, altas y escarpadas montañas de Kirguizistán en busca del gran Marco Polo y del Mid Asian Ibex. Quién me iba a decir a mí que, con veinticinco años, estaría haciendo la maleta para enfrentarme a tal aventura. Por supuesto y para la tranquilidad de muchos no seré yo quien ejecute el disparo (con un rifle) pero sí ejecutaré el de mi cámara y si os soy sincero, lo prefiero, aun no merezco apretar el gatillo, creo que aún tengo mucho que aprender y experimentar antes de ver a ese animal tras la cruz de un visor. 


Nuestra misión será grabar la cacería de estos dos animales como nunca nadie lo ha hecho antes y por supuesto, al más estilo Young Wild Hunters, buscando siempre poner en valor el aporte económico y cultural que estas cacerías generan a las pequeñas y remotas comunidades.

Preparación de maletas para el viaje a Kirguistán

 

Es media mañana y Luis y yo estábamos en mi casa ultimando los preparativos y cerrando maletas, estamos listos y algo nerviosos. Ya en el aeropuerto, nos juntamos con el organizador de la cacería, Luis Miguel de la Rubia de la empresa de caza Spanish Ibex, un grandísimo apasionado por la caza y un auténtico profesional con más de 40 años de experiencia en cacerías de todo tipo, aunque si hay algo en lo que destaca Luis Miguel es en las cacerías de montaña y los cinco grandes de África. Los cazadores Jorge y Xavier, se encontraban junto a él, por lo que pudimos hacer la primera toma de contacto y conocernos en persona. La primera impresión fue muy buena, dos experimentados cazadores con múltiples aventuras a sus espaldas y con infinitas ganas de cumplir el sueño de cualquier cazador de la alta montaña. Su objetivo el mid Asian Ibex y el Marco Polo.


El viaje iba a ser de aproximadamente 1 día, volábamos primero a Estambul y de ahí cogíamos otro vuelo hasta la capital de Kirguistán, Biskek. En el avión de camino a nuestro destino final, miraba por la ventana y empezaba a ver esas majestuosas y escalofriantes montañas... es entonces cuando los sentimientos y las emociones empiezan a florecer y comienzo a pensar hacia mis adentros en todo lo vivido para haber llegado hasta ese preciso instante, ¿Qué hago aquí? ¿Estoy de verás yendo a Kirguistán? Era algo difícil de asimilar e imaginar, hace diez años estaba en mi sofá viendo en Caza y Pesca al gran Juan Delibes en uno de sus numerosos reportajes de caza, deseando algún día poder ser él, poder tener la oportunidad de enseñar a través de mis ojos las cacerías, defendiendo y demostrando la importancia de la caza y la pasión que los cazadores tenemos por la naturaleza y sus animales…  y más allá de realidad, me encontraba sobrevolando la casa del animal que todo cazador desearía ya no cazar, si no simplemente ver una vez en su vida, el rey de reyes, el gran Marco Polo.

Ignacio en el avión de camino a Kirguistán


Una vez aterrizamos y con las maletas ya en nuestro poder, nos esperaban un par de guías, Rasull y Nurbeck. Rasull, kirguizo de nacimiento, iba a ser nuestro intérprete, dominaba el inglés y el español, además era cazador y nos iba a acompañar durante toda nuestra aventura. Nurbeck, kirguizo de nacimiento también, era el jefe del equipo de guías de caza, además de ser el encargado de toda la logística y cuidado de los cazadores durante la misma. 

el equipo para el viaje a Kirguistán


Nos subimos a la furgoneta y pusimos rumbo a la ciudad para disfrutar de la última comida decente que tendríamos durante los próximos diez días. En estos momentos en los que comes a mesa puesta, con un plato caliente y cubiertos antes de emprender una aventura de tal calibre, cada bocado sabe a gloria, tu mente sabe que muy difícilmente eso volverá a repetirse en las profundidades de las montañas. 

Ya con el estómago lleno, emprendemos nuestra última etapa del viaje, seis horas en furgoneta hasta el campamento base. En el camino íbamos pasando por distintos pueblos pequeños, grandes lagos y distintos paisajes que este gran país no ofrecía a su paso, pero el terreno aún no era como había visto por el avión, había montañas, pero no eran excesivamente grandes, estaba algo sorprendido…


¿Dónde estarán esas montañas que vislumbré desde el avión? 

montañas de Kirguistán


De pronto el asfalto pasó a ser camino de tierra y empezamos a coger una pista que se introducía dentro de un valle, poco a poco íbamos cogiendo altura e íbamos subiendo a la altura de la cima de esas montañas, hasta que, al fin, al coronar, llegamos a una estepa enorme y…  ¡Ahí estaban! habíamos llegado a la base de las montañas, una cordillera de gigantescas y rocosa cordillera de montañas se veía a los lejos, nos estábamos acercando. He de reconocer que se me pusieron los pelos de punta


¿Estaba realmente viviendo lo que estaba viendo?  


Pues sí, estaba a punto de adentrarme en las profundidades de Kirguistán. 


Mientras nos acercábamos a la cordillera de montañas, me asomaba por la ventana del coche y disfrutaba de un aire muy fresco y de la estampa de los caballos salvajes cabalgando a lámpara que nosotros por aquellas praderas…. parecía como si estuvieran dándonos la bienvenida. 


Entramos dentro de las cordilleras, parecía que estábamos llegando, cruzamos un río y vemos las primeras Yurtas de los kirguís, giramos dejando una montaña a la derecha y el río a mano izquierda, introduciéndonos en un valle enorme. Y ahí en mitad de la nada estaba el campamento base, tres cabañas de madera y un rail de camión transformado en comedor y cocina. Lo mejor de todo las vistas y el río que teníamos al lado. El sol comenzaba a desaparecer y el frío empezaba a calar nuestros huesos.


Luis miguel, Luis y yo dormiríamos en una cabaña y Jorge y Xavier en la otra. Haríamos noche y al día siguiente comenzaría la aventura que cambiará nuestras vidas.


Esa noche en la cena, decidimos cómo íbamos a dividirnos, quiénes y el nombre que cada grupo tendría. El Orugas Team formado por Xavier, Luis Miguel y Luis y el Snow Leopard Team formada por Jorge y yo. ¡Estamos listos!


Amanece un nuevo día y ya esta todo el campamento ultimando los detalles. Xavier y Jorge poniendo a tiro sus rifles, Luis Miguel gestionando y coordinando a los guías y Luis y yo, preparando todo el equipo de cámaras. 

campamento de Kirguistán


Sabíamos cuando nos íbamos, pero no cuando íbamos a regresar. La idea de ese primer día iba a ser cazar una montaña entera durante todo el día, por ambas caras y finalizar ambos en una pequeña cabaña en la mitad del valle en donde acamparíamos, el Orugas Team cazaría por la cara norte y nosotros por la cara sur. La diferencia fue que el Orugas Team salía a caballo desde el campamento y nosotros iríamos en coche hasta otro lugar para coger otros caballos y llegar hasta la cara noreste de la montaña. 


Nos montamos al coche y empezamos a avanzar dirección territorio desconocido. Mientras íbamos rodando por aquel enorme valle, de vez en cuando se veían pequeñas yurtas y railes “casas” dónde los pastores de la zona vivían durante la mitad del año. Una hora en coche y al fin llegamos hasta el otro campamento dónde nos esperaban con los caballos listos para montar, pero antes, nos prepararon una excelente y caliente comida que disfrutamos hasta el último bocado, en estos lugares uno sabe que esos momentos hay que aprovecharlos y disfrutarlos al máximo.


Ya con la tripa llena, nos subimos a los caballos, a mí me toco un macho castaño y con las patas delanteras un poco manchadas en blanco, le llame calcetines. 

caballos en Kirguistán


Empezamos el ascenso y como habíamos previsto, la idea sería cazar de arriba abajo, coronar la cima e ir asomándonos en distintos barrancos para localizar a los Marco Polos y a los Ibex antes de que ellos nos localizaran a nosotros. No os podéis imaginar la sensación de libertad y de felicidad que uno experimenta subido a los lomos de ese caballo, con un paisaje insuperable y de camino a buscar a los animales a cuatro mil quinientos metros de altura.


El ascenso fue lento, pero sin pausa… tardamos unas 5 horas en coronar la primera montaña. Una vez arriba, nuestro guía se bajó con el cazador a hacer una de esas asomadas. Era el primer barranco. Yo me quedé por que en principio era muy difícil que hubiera nada y decidieron que era mejor que no me bajara del caballo con todo lo que ello suponía, bajar el trípode, la otra mochila con los objetivos… “iba a ser algo rápido” me dijeron. Los minutos pasaban y nadie aparecía… era muy extraño algo tenían que estar viendo, amarré mi caballo al de Jorge, cogí mis cosas y me empecé a grabar. Pasé unas primeras rocas y no veía a nadie, seguía asomándome al barranco intentado buscarles sin hacer mucho ruido e imaginando, dónde podrían estar, de pronto a unos veinte metros vi a Jorge y al Sherpa tumbados observando algo, no paraban de hacerse mutuamente señales... Comienzo a avanzar hasta ellos, me pongo a su espalda y pregunto: 


  • ¿Qué hay? ¿Veis algo? 

Jorge se da la vuelta me mira y me dice: 


  • Marco Polos Ignacio, 6 Marco Polos pero pequeños..

Perdidamente emocionado preparo la cámara y comienzo a grabar.  Ver de cerca al gran Marco Polo por fin iba a ser cierto... iba a poder capturar en mi cámara a este majestuoso animal. 


La escena era digna de película, los Marco Polos a unos trecientos metros de distancia en mitad del barranco, subiendo la ladera de la montaña con una inclinación del 70% a cuatro mil metros de altura como si nada y en prácticamente lo que nosotros tardábamos 2 horas en subir, ellos en 2 minutos ya lo habían conseguido. 


Finalmente la manada era más grande, entre quince - veinte ejemplares distribuidos entre hembras, crías y machos jóvenes. Pero daba igual, primera intentona y ya tenía unas escenas espectaculares del animal y además, por fin le había podido ver de cerca..  en vivo y en directo.


Esta pequeña asomada acabo prácticamente con nuestro día, tocaba recoger e ir de vuelta al campamento. A las seis el sol se recoge y  aún estábamos a cuatro horas a caballo de él. 


Por supuesto, seguíamos cazando, pero enfocados en llegar de día y no tener que bajar por aquellos pedregales a lomos de nuestros caballos a oscuras, y por supuesto, si había alguna posibilidad de que en la bajada nos encontráramos con algún animal… por supuesto que aprovecharíamos la oportunidad. 


Una vez descendimos hasta el valle y tuvimos esa visión de ambas caras, con aquellas mega montañas y rocas, se me vino a la mente el leopardo de las nieves, el cazador por excelencia. Ya que, si a nosotros con armas nos cuesta, imaginaros a él solo con sus dientes, sus garras y pericia, corriendo tras su presa por esos escarpados, un animal que sin duda merece todos nuestros respetos y digno de admirar.


Veíamos la pequeña cabaña y el Orugas Team ya había llegado, aparentemente sin fortuna, al parecer vieron un par de hembras de Ibex y poco más, íbamos a cambiar de zona seguro, los animales no estaban por aquellas montañas.


Tercer día de cacería y seguíamos desplazándonos y alejándonos cada vez más del campamento principal a unas 12/14 horas a caballo. Ya no dormíamos en cabañas, ahora dormíamos en tienda de campaña y cazábamos durante todo el día, no había tiempo para el descanso. Esa noche, nos acostamos pronto ya que al día siguiente íbamos a ir a una especie de hoya dónde había muchas praderas con mucha comida y tenían un río en mitad, sabían que por querencia los Marco Polos frecuentaban ese lugar. Como se suele decir, “The place to be”.

tiendas de campaña

Eran las cuatro de la mañana y suena el despertador, nuestra tienda estaba totalmente congelada por el vaho de nuestro calor y respiración, nos recuerda al instante dónde estábamos. Rápidamente nos cambiamos dentro de la tienda, bebimos un poco de agua, preparamos un té caliente y totalmente de noche y sin ver nada, nos montamos encima de los caballos. Este fue otro de los momentos más especiales para mí, recuerdo ir con la braga hasta la línea con los ojos, mirando al cielo y viendo millones de estrellas, estábamos cazando al Marco Polo, fue una experiencia que recordaré para siempre. 

Amanecer en kirguistán


La idea con este madrugón consistía en intentar minimizar que los Marco Polos nos vieran u oyeran aproximarnos hasta esas praderas, lo bueno es que en mitad de esa hoya había una especie de canal con un río, lo que facilitaba el aproximarse sin que nos vieran y además con el río nuestro sonido quedaría camuflado, lo teníamos todo perfectamente medido…


 ¡A ver qué tal sale la jugada!


Ya con un poco más de luz, aunque de noche aún, llegamos hasta el punto de no retorno, dejamos a los caballos para que el ruido del choque de los cascos con las piedras no pusiera en alerta a cualquier animal que pudiera estar allí. Seguíamos subiendo poco a poco, sin prisa, pero sin pausa, íbamos con el tiempo a nuestro favor. Conseguimos llegar al final del canal, ahora nos tocaba esperar y empezar a localizar animales a los que poder hacerle una entrada. Subimos un poco una parte de la ladera izquierda del canal y empezamos a buscarlos por los prismáticos. ¡No tardamos ni treinta segundos en localizar vida! En la ladera de enfrente teníamos un grupo mezclado entre hembras de Ibex y de Marco Polo. 


En el momento en el que vimos el primer grupo, nos pusimos muy nerviosos, sabíamos que habíamos hecho las cosas bien, habíamos conseguido acercarnos sin que nos escucharán, estábamos en una posición súper estratégica y solo tocaba esperar y ver el movimiento de los animales ya que en esta época del año necesitan comer si o si para engordar de cara al invierno. Pasaban los minutos, las horas y no veíamos nada que mereciera la pena. Empezamos a subir poco a poco un canal y de repente uno de los sherpas se detiene en seco y empieza a llamar a su otro compañero. Empiezan a mirar con los prismáticos y a ponerse muy nerviosos. A continuación, uno de los sherpas le dice al cazador por gestos que se prepare, que cargue bala, porque va a tener una oportunidad de disparo. Jorge y yo estábamos metidos dentro del canal, sin mucha visual a nuestro alrededor y lo único que nos tocaba era imaginarnos que algo pronto iba a suceder, pero no sabíamos ni dónde ni cuándo. 


Lo sorprendente es que de repente lo sherpas nos dijeron que teníamos que subir hasta su posición y desde ahí intentaríamos junto a ellos localizar los animales que ellos estaban viendo, pero mientras que íbamos subiendo esa ladera uno de los sherpas mira por sus prismáticos y rápidamente nos indica que tenemos que volver a meternos en el canal. Algo estaba viniendo hacia nuestra posición y había que camuflarse, por suerte teníamos cerca una gran roca dónde cubrirnos y dónde Jorge podría apoyar su rifle y efectuar con estabilidad el disparo. En este momento tu cabeza funciona en modo automático, sabes que tú misión es estar grabando toda esa secuencia y en mi cabeza lo único que pensaba era que algo pronto iba a suceder, están todos muy nerviosos y yo tenía que sacar lo mejor del momento y cumplir con mi misión.


No apague la cámara en ningún solo segundo.


Estamos en la roca y empezamos a esperar… Es entonces cuando, en la ladera de enfrente, por encima del canal en el que estamos, a unos 180 metros en el visor se ve a un Marco Polo solitario…. solo le podíamos ver la cabeza.


¡Qué espectáculo de Animal y qué pedazo de cuernos! pensé 


Cuando vimos a ese primer Marco Polo y sabíamos que estaba tan cerca….no nos lo podíamos creer. El grupo empezó a tomarse las cosas muy en serio porque detrás de ese primer Marco Polo, empezaron a salir más y más, a cada cual más grande que el anterior… no nos lo podíamos creer… y tan solo  a 180 metros, era un sueño hecho realidad. 


Eso sí, tiritando y los nervios a flor de piel mientras disfrutábamos de esa estampa, teníamos que tomar la decisión de cuál iba a ser de animal que íbamos a elegir para efectuar el disparo. Del grupo apareció un gran Marco Polo que destacaba sobre el resto y se encontraba en quinta posición de izquierda derecha. Yo estaba temblando totalmente, no sabía en qué momento iba a hacer el disparo Jorge, no podía preguntar prácticamente nada, ni hablar… de pronto escuche “el quinto, el quinto por la izquierda” cojo la cámara lo busco y le encuentro y de pronto … el tiempo se para


(Boom) 


Acaba de suceder, se ha detonado el 270 SM…. hemos tirado al Marco Polo a 180 metros… el animal acusó el disparo, pero como si nada, siguió al grupo tan normal los primero 30 metros de subida, pero el tiro estaba muy bien colocado y poco más pudo hacer…. empieza a caer...


¡Lo tenemos, lo hemos cazado!


Jorge y yo nos abrazamos y empezamos a volver a la vida, no sabíamos como acabábamos de vivir esa escena… tantos machos juntos, todo el esfuerzo para haber llegado hasta aquí y además poder cazarlo de esa manera y habiéndolo grabado perfecto... ¿Qué más podíamos pedir?


Sin perder un segundo de tiempo, vamos en su busca, queremos verlo de cerca. Llegamos al animal y… una explosión de emociones. ¡Qué barbaridad de bicho! ¡Mira los cuernos! ¡Toca la piel y mira qué aislante!

Marco Polo


Aquí es donde llegó el momento de la verdad, en dónde al fin iba a cumplir algo más que un sueño. En mi vida me podría haber imaginado haber llegado hasta donde lo estábamos y menos haber llegado a tocar un Marco Polo y ahí estaba yo, en mitad de la nada con los kirguís y Jorge disfrutando ese especial y único momento. 


El sueño de un niño que jamás pensó que se pudiera hacer realidad, se había cumplido: había cazado, grabado y tocado al rey de reyes. 


Tenía en mis manos esos tremendos cuernos del gran Marco Polo.

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