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Piedra, Papel o Tijera

piedra, papel o tijera

Piedra, Papel o Tijera

Finales de noviembre del 2017, en plena temporada montera. Esta vez nuestro destino era Navarra. Las expectativas eran bastante buenas, finca abierta y aparentemente con una población de cochinos bastante abundante.

Eran las 10:30 de la mañana y después de un magnífico y caliente desayuno nos dábamos cita en la junta donde se estaba realizando el sorteo de los puestos. El puesto 27 era el nuestro, la suerte ya estaba echada. Una vez ubicamos nuestro postor, metimos los bártulos y el rifle en su coche. Los nervios y la impaciencia se empezaban a aparecer. ¡Ya estábamos listos y en camino!

Ya en nuestro puesto, recibimos una explicación por parte del postor, tanto de seguridad como de consejos para conocer mejor el puesto. Por suerte cubríamos una zona de siembra en forma de U y una gatera, algo que siempre es bueno, ya que son las vías de escape que suelen utilizar los animales en días de montería para salirse de la mancha.

Como en todas las monterías, cuando Gonzalo y yo cazamos juntos en un mismo puesto, queremos que la suerte decida quien empieza disparando, para eso, recurrimos al mítico juego ancestral de “Piedra, papel o tijera”.  Esta vez la suerte se decantó por parte de Gonzalo y sería él quien empezaría a disparar.

Nada más colocarnos y prepararnos en nuestro puesto, se oyó la suelta de los perros, no pasó ni un minuto para empezar a escuchar los inconfundibles ladridos de los perros persiguiendo a los cochinos.

La montería proseguía su camino y los lances no cesaban al igual que las ladras. Llegamos a contar más de 60 disparos en dos horas. El monte de Navarra ofrece una magnifica protección a los cochinos, ya que es un monte muy abrupto y húmedo.

Pasadas ya las tres horas de montería, con la vuelta de los perros hacia sus remolques, Gonzalo decidió dejarme disparar en los últimos 45 minutos que le quedaban a la montería.

De repente a casi a 100 metros de nuestra postura oímos una última e intensa ladra que parecía bajar a nuestra postura, sin duda lo que iba delante de ellos por la intensidad de la ladra no era un animal pequeño.

Lamentablemente los cochinos, y más los grandes, nunca suelen cruzar las zonas abiertas y este seguía el ejemplo. Fuese lo que fuese lo oíamos bajar la lengua de monte que teníamos delante rompiendo monte y con la rehala pisándole los talones, cerrándonos así cualquier posibilidad de poder disparar en esta montería.

Pasados cinco minutos empezó a llover y la ladra que anteriormente escuchamos, proseguía su camino más abajo, iba derecho a las posturas de la traviesa, por lo que el nervio y la tensión del momento desaparecían.

En un momento en el que ya la lluvia se hacía notar con más intensidad, decidí ponerme el chubasquero y pegarme a la zona de monte que tenía a mano izquierda, intentando cubrirme con las ramas de un pino, cuando de repente mientras que me cubría de la lluvia de reojo vi un enorme bulto negro. ¡Era un jabalí! Sin creérmelo me encaré el rifle en décimas de segundo y pude ver en mi visor a un auténtico monstruo. Iba derecho a la gatera, tenía que ser rápido en abatirlo.

Disparé una primera bala errándola, el cochino nervioso del primer disparo decidió correr en dirección a lo abierto dándome la oportunidad de dispararle otro tiro, este con más acierto hizo que el gran cochino se resintiese pero sin parar su carrera. Recargue rápido y cuando se me volvió a cuadrar disparé directo al corazón lo que hizo caer definitivamente a esta mole.

El resto de la historia os lo dejo en el video, ya sabéis que una imagen…

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