La suerte en la caza

Por YWH

La suerte en la caza

Hoy, probablemente, haya sido una de las tardes más impresionantes desde que empecé en este gran mundo de la caza. Esta tarde me iba a acompañar en el día de caza mi buen amigo Gonzalo Mahortua.

Comenzamos la tarde con un rececho por la parte alta de la finca, aquí siempre se suelen ver cochinos en las siembras, pero esta vez por mucho que anduvimos no vimos nada. Finalmente, un poco decepcionados, le sugerí ir a una siembra que se encuentra en medio del monte para hacer una espera, ya que es un lugar de gran carencia para los animales. Llegamos al lugar acordado y nos sentamos a esperar, escuchando todos los sonidos del monte, pero nada nos hacía sospechar de la presencia del macareno.

la suerte en la caza

Con el sol oculto casi por completo, Gonzalo y yo decidimos hacer una entrada a una lengua de campo que había sobre nosotros. Sin pensárnoslo mucho nos dirigimos a la siembra dejando nuestros bártulos en el sitio. Al asomarnos, lo hicimos muy despacio porque el suelo estaba muy seco y no queríamos espantar a los animales que pudiera haber. Llegamos a la zona crucial y nada. Desilusionados, decidimos volver al puesto y a unos 150 metros, vimos a un gran macareno comiendo a escasos 10 metros de nuestros bártulos.

Allí estaba el gran jabalí esperando, ya de lejos Gonzalo y yo, sabíamos que era un buen jabalí, por su porte, su cabeza y sobre todo por sus enormes colmillos que le asomaban por la boca. Nos tiramos al suelo rápidamente para que no nos localizase y me encaré el rifle mientras Gonzalo grababa el lance. Al principio me costaba tener el jabalí en el visor, tanto por las plantas que tenía delante como por la incomodidad del terreno, pero al final sorteando los obstáculos, me dispuse a disparar.

Respiré, me tranquilicé, y suavemente apreté el gatillo, esa sensación única que solo se puede explicar cuando la experimentas. El animal cayó en el acto con un gran tiro en el codillo, respiré de alivio y no pude contener un gran ¡VALE¡ de alegría mientras me abrazaba con mi amigo Gonzalo. Pusimos el seguro al arma con una bala en la recamara y nos fuimos acercando al animal. A unos 40 metros del animal pudimos observar sus grandes dimensiones y sus enormes colmillos. No nos lo podríamos creer, por fin habíamos cazado ese difícil animal.

Ya junto al jabalí, pudimos disfrutar del gran momento y comenzamos la tradicional ronda de fotos. Una vez hechas, despiezamos la carne del animal y tras analizarla, pudimos disfrutar de una comida con los amigos y volver a recordar estos grandes momentos. Con este ritual dimos por terminado con este gran día que siempre recordaremos gracias a mi amigo Gonzalo y la grabación de este gran lance.

Os dejamos con el vídeo del lance grabado con el móvil.

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