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El celo del corzo.

El celo del corzo.

Corzo en busca de pareja en la temporada de celo en el sol de la mañana |  Foto Premium

La demanda del corzo es cada día mayor, tanto de caza como de conocimiento sobre la especie.

El celo del corzo es un momento esperado y una de las modalidades más apasionantes de la mayoría de cazadores en España y no son pocos los que se guardan algún precinto hasta finales de julio para poder salir al campo y disfrutar de semejante espectáculo para practicar un tipo de caza diferente a la que están acostumbrados. Normalmente, la actividad reproductiva se centra en los últimos días de julio o incluso en los primeros de agosto.

Cuando las hembras de corzo entran en celo, los grandes machos que han permanecido ocultos en lo más profundo del monte, comienzan a dar la cara. Es el momento perfecto para tratar de colocar algún precinto de última hora.

En primer lugar, habría que decir que los machos bajan la guardia, pero no así sus hembras o las crías de éstas, por lo que la única ventaja competitiva que tenemos es que al menos se mueven. Y es precisamente ese movimiento el que se revuelve contra el cazador en época de celo, al no fijarse los corzos donde uno los ve.

Muchas veces divisamos a la pareja en plena carrera y cuando queremos llegar a distancia de tiro, ya no están en donde los vimos o siguen moviéndose sin parar. La característica del celo es la movilidad, así que tendremos que tomar decisiones en cuestión de segundos y no pensar mucho las cosas.

Claro que tendremos oportunidades de esas de manual en que el corzo y la corza están embelesados dando vueltas al único matorral de un inmenso prado y lo único que tendremos que hacer es esperar un descuido para atizarle, pero lo normal será verlos salir a la siembra el uno tras la otra.

La segunda ventaja es que en el celo se mueven a lo largo de todo el día. Por supuesto siguen concentrando sus esfuerzos en los momentos del alba y del ocaso, pero los calores les hacen andar en movimiento muchas más horas. Además, contamos con una ventaja adicional al menos en las zonas más secas, y es que necesitan reponer líquido, lo que los lleva a entrar al agua.

Cuanto más calurosa sea la jornada, antes pueden entrar a beber y no es raro que lo hagan a las cinco de la tarde, cuando aún quedan unas cuantas horas de luz y aprieta con fuerza el sol. Luego buscarán un lugar fresco para esperar la tarde.

Si en nuestras salidas encontramos un ‘corro de cópula’, que no es otra cosa que el surco en la hierba que dejan al perseguirse en el celo alrededor de un matorral u obstáculo, puede ser una buena opción para realizar una espera en el mismo, puesto que los corzos son animales de costumbres y territoriales.

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